sábado, 16 de enero de 2010

Lo que vio el capitán Ulvacus


Aquel domingo de otoño de 1905 el barco de bandera sueca al mando del capitán Olof Strömmen Ulvacus deambulaba sobre aguas pesadas; un mar de escollos industriales y consumos domésticos abandonados a una deriva estancada. Habían pasado cuarenta y cinco días y un atardecer desde su partida de Estocolmo, y ¡qué lejos estaba todo aquello! –una costa inmensa, iluminada, delicadamente delineada por puentes y cuellos de edificios universitarios e iglesias, rodeando en círculos la Kornhamnstorg– de lo que ahora tenía frente a sus ojos. Un paisaje estrecho, como una escenografía, como un grabado, como un dibujo en trazos gruesos y de pocas tonalidades. A simple vista no veía más que agua mugrienta, y sobre ella el reflejo de las primeras luces encendidas en cubierta, algunas viboreando camino a ese puerto desconocido.

Miraba sin que le importara llevarse nada de aquel lugar de paso... Pero algo llamó la atención del capitán Olof Strömmen Ulvacus. De la costa, llegaban gritos, avanzando en vuelo rasante, como el de un ave que, cansada de señalar la proximidad con la tierra, se abalanzaba con ella misma. Voces ininteligibles que se mezclaban con cierta música; cuerdas, o tal vez un acordeón.

El capitán pidió sus binoculares. Y apenas sus dedos ajustaron mecánicamente el foco vio a un grupo de hombres, cuatro, siete, diez y más según desplazaba la vista tanto a la derecha como a la izquierda. Necesitó algunos segundos más para darse cuenta de que jugaban al football. De inmediato se entretuvo siguiendo el match, la pelota viajando en diferentes direcciones y hacia arriba, superando la altura de los alambrados y construcciones de chapa y hormigón del fondo, e incluso escapando por unos instantes de su objetivo. Apenas volvía su imagen, veía cómo los hombres iban detrás de ella, alentados por su propio clamor y por el de los espectadores de la contienda: un puñado de hombres, obreros y pescadores, y dos mujeres que conquistaron la atención del capitán en cuanto su visión binocular reparó en ellas.

Sentadas en un banco, una rubia, la otra morocha, más bien pelirroja... La que lo llevó de viaje... Se acordó de “la bailarina hindú”, la de las túnicas transparentes y los velos que se iban cayendo, uno a uno. La había visto una vez (alcanzaba para la eternidad) en un cabaret de Estocolmo... Mata Hari... Cuando recordó aquel nombre la música del acordeón que llegaba desde la costa sobrealimentó su remembranza: “la bailarina hindú” y él tocando en la orquesta que tuvo que abandonar debido a sus frecuentes excursiones, ¡la Hottenanny Super Trouper! Lo suyo era precisamente el acordeón. Entonces pensó en su hijo y en su nieto recién nacido, e imaginó que a la vuelta de aquella larga travesía le regalaría su instrumento para que en el futuro él pudiera seguir sus pasos y tener también una banda.

De repente, los gritos cesaron, también la música, la pelota se detuvo y los hombres alrededor de ella. Todos inmóviles como en una postal, a excepción de uno de ellos, alguien importante en el grupo, seguramente el capitán de uno de los equipos que desde la dársena, haciéndole frente a la mirada de Olof Strömmen Ulvacus y con movimientos metódicos y casi coreográficos -como si le estuviera dedicando aquella faena-, activó el puente levadizo de acero con la cabeza en alto y la vista clavada metros arriba de la frente del capitán, por encima de las velas, en lo más alto del mástil, en la bandera que se agitaba anunciando una fuerte tormenta.

Para entonces el capitán Olof Strömmen Ulvacus volvió a hacer girar el timón de su mente rumbo a los días por venir de su amado nieto y ya lo imaginó integrante de una banda con un nombre que llevaría por azar desde aquel puerto lejano, de acuerdo a las iniciales de lo que miraba y se llevaría para siempre: en un puerto de la Argentina, en el barrio de la Boca, clavado en un árbol, un cartel avisaba Barracas a la derecha, y a la izquierda los Astilleros... ABBA, pensó.

 

* Don't go wasting your emotion... Lay all your love on me.

 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena prosa maestro!
lulú

Valentina Bosso dijo...

dos palabras IM-PRESIONANTE...

MARIA EUGENIA SIDOTI dijo...

corto y conciso: me encanto, mister.

Bea Medina dijo...

Taqueloparió... Hermosa postal.

Anónimo dijo...

me encanto. adelante por el placer de tus seguidores. julieta

Anónimo dijo...

Me emocioò. Me hacès llorar cuando entrevistaàs, cuando escribìs ficciòn. Llorà, llorà, pero no dejes de escribir ficciòn, please! Victoria