Pasaron treinta años. Prendió la cámara, la dejó correr. Los chicos también corrían, y se montaban otra vez en sus bicicletas. Mirando hacia atrás y hacia adelante. De algo huían. Hacía algún lugar iban. Pasado y futuro. Las linternas, los afiches en la pared, de casas desorbitadas de familias estrelladas. Monstruos con ojos. Monstruos con alma. Y el amor a los once años desde el asiento de atrás. Amor a los once años.
2 comentarios:
Críptico, como te veo muchas veces, desnudar un alma en letras...gran oficio, que interprete el que lea, una maravillosa forma de ver tu vida, que la lea el que sepa captar otros sentires, decires, y andares, no seré las más indicada, pero adelante!.Ch.
Amor por los monstruos for ever and ever! VV
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